De toda la discografía de David Bowie (de la cual no me canso de revisitar) ningún disco ha causado un efecto tan profundo en mi ser como el mítico, oscuro, sombrío y enigmático Station to Station (1976).
Quizá fue porque al igual que Bowie, en la época que lo descubrí estaba pasando por un momento igual de oscuro en el que pasaba la mayor parte de mi tiempo en bares consumiendo alcohol e inhalando sustancias al por mayor, pero definitivamente hay una magia especial que transmite a través de cada melodía de principio a fin. También marcó el nacimiento de la faceta de Bowie conocida como "The Thin White Duke" la cual rompía con la saga de personas que había adoptado en años anteriores.
Según la historia, esta transformación comenzó cuando Bowie promocionaba Young Americans, otro de mis discos favoritos de él y en el que se escucha esa oscuridad brotar en temas como "Right" y "Fame" y que cambiaría el tono de lo que haría musicalmente en el siguiente disco.
Cuando Bowie llegó a vivir a Los Ángeles en 1975, se comenzó a aislar de todo y comenzó con los excesos. Se dice que comía solo pimientos, leche y mucha cocaína, se obsesionó con el ocultismo y con temas paranormales, la fascinación de los nazis con lo sobrenatural. Poco después fue cuando apareció en la cinta The Man Who Fell to Earth (1976) donde interpretaba a un alienígena que carecía de humanidad y es consumido por la decadente manera en que vivía la sociedad estadounidense, todo esto creando al personaje que influiría en la composición del disco.
Bowie dejó atrás el rock más simple y comenzó a ser mucho más experimental, con sonidos mecánicos y sonidos de voz mucho más atrevidos. Melancólico, ácido a momentos, evocando ese misticismo en el que se sumergió. Habla de la falta de sentido, una conexión perdida con el mundo. De la adicción a la cocaína, de buscar llenar el vacío que siente con lo que sea, pero jamás satisfaciéndolo.
Incluso el tema más "alegre" del disco, "Golden Years" carga esa oscuridad en sus letras. Sin embargo, el cierre desgarrador de "Wild is the Wind", un cover de Nina Simone, de quien era fan y conoció en su viaje a LA, termina por ser el broche de oro en lo que es el viaje decadente de Station to Station. Completamente diferente a la versión de Simone, Bowie le rinde un homenaje donde deja salir el dolor por el que estaba atravesando.
Subirse al tren que va de estación a estación del dolor con Bowie nunca fue tan placentero.



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