Baby Driver sigue la historia del carismático Baby (Ansel Elgort), un hábil conductor que tras obtener una deuda con un mafioso llamado Doc (Kevin Spacey), obliga a Baby robar grandes cantidades de dinero. Justo antes de saldar cuentas, Baby conoce a Débora (Lily James), ambos se enamoran profundamente y deciden escapar juntos. Cuando cree que al fin es libre, Baby es obligado a regresar a un último trabajo con los ladrones profesionales llamados Bats (Jamie Foxx), Buddy (Jon Hamm) y Darling (Eiza González).
A pesar de lo genérica o básica que podría sonar la trama de Baby Driver, ésta es una cinta de atracos nada convencional y seguramente no es como nada que hayas visto en el cine antes. El director/escritor Edgar Wright realmente se supera con una meticulosa y elaborada cinta cuyos distintos elementos se mezclan de una manera impresionante. Cada detalle está cuidado impecablemente para brindar una experiencia sensorial que funciona en distintos niveles.
Decir que la banda sonora es parte fundamental para la cinta no le haría justicia al ejercicio realizado por Wright. El director claramente planeó cada secuencia basándose en la duración, ritmo e incluso letra de cada uno de los temas que la componen. Podría decirse que la película misma es la que se incorpora a esta exquisita selección musical. El plato fuerte son las escenas en los autos, con secuencias que fluyen al ritmo de cada tema.
Algo que notorio son los diálogos que se van repitiendo dentro de la cinta, cada vez en personajes distintos. En momentos completando frases familiares que se van quedando en el imaginario colectivo Este detalle ayuda a que se vuelvan memorables conforme la película es vista en repetidas ocasiones. Tomemos por ejemplo la genial The Big Lebowski de los hermanos Cohen, la cual premia al espectador tras verla en repetidas ocasiones. En el caso de Baby Driver esto es expresado a través de la letra de los temas que aparecen en pantalla (esto se pierde en parte o en su totalidad si la película no es vista en su idioma original), con los personajes complementando o haciendo alusión a lo que expresa la música, convirtiendo al poderoso soundtrack en un personaje más de la película.
Elgort es fenomenal en este papel (incluso en momentos me recuerda a un joven Marlon Brando), ya que antes de Baby Driver pocas veces habíamos visto el potencial que el actor tiene al aparecer en pantalla, pero Wright explota sus fortalezas de manera interesante. A pesar de que en realidad Baby no dice mucho, la actuación de Elgort es lo suficiente como para hacernos empatizar con su personaje, además de ser lo suficientemente sutil como para saltar de un estado normal a uno lleno de euforia e intensidad de un momento a otro.
Kevin Spacey está perfecto como Doc, con lo que siento es una amalgama perfecta entre Frank Underwood (House Of Cards) y John Doe (Se7en) pero con un toque más benevolente. Lily James como Débora siento que cumple con su papel y realmente nos vende esa química entre ella y Elgort, que a pesar de lo rápido que sucede se siente bastante natural, algo que hemos visto poco en recientes cintas donde la gente “se enamora”.
Por otro Jamie Foxx como Bats se siente como una caricatura en algunos momentos, pero es quien detona muchas de las situaciones que le dan sabor a la película, por lo que se entiende que deba ser pintado como esta fuerza de sospecha, intriga y peligro. Además, como es costumbre, el actor entrega sus líneas con cierto ritmo que ayuda a darle ese toque de genialidad al personaje, algo “cool”. En cambio Jon Hamm probablemente entrega su mejor actuación en la pantalla grande (fuera de pequeños papeles en comedias no ha hecho mucho), complementado por Eiza González, quien sorprende en su turno como Darling.
La película, como mencioné anteriormente, es toda una experiencia sensorial digna de ser vista en pantalla grande. Y aunque no dudo que disfrutarla en la comodidad de nuestros hogares sea gratificante, el sentarse enfrente de esa gran pantalla a oscuras nos pone en el asiento del pasajero del auto de Baby. La adrenalina, la velocidad, la emoción del robo, el romance, todo empacado de manera perfecta por Edgar Wright y compañía, pero sobretodo esa sublime banda sonora empalmada con estas imágenes nos hacen partícipes de esta magnífica obra original que con el pie a fondo del acelerador se posiciona como una de las mejores cintas del 2017.
Para finalizar, Baby Driver es como un ballet perfectamente orquestado para impresionar con su magnificencia, pero jamás pierde el encanto ni el corazón de un cassette con distintas canciones escogidas meticulosamente para decirle a alguien lo que significa para ti.




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