El hype alrededor de The Menu (2002) de Mark Mylod es algo que me toca experimentar al menos una vez al año, usualmente alrededor de una película de cine de género. Sin embargo, no esperaba para nada que esto fuera una comedia negra con algo que decir. Así que felicitaciones la chef supongo.
Definitivamente recomendable ver esta película en blanco, así no creas una expectativa de algo que ciertamente no es, una película de horror. Tal vez se podría decir que es una especie de thriller psicológico con momentos crudos, pero al igual que un platillo gourmet, toma distintos elementos únicos y distintivos de distintos géneros para servirnos una dosis de crítica social, encima de lo que podría ser una deliciosa crítica al estado del cine de horror actual, o como le dicen ahora "horror elevado".
Básicamente que todos quieren ser A24, en el sentido de que se ha vuelto la norma esa metáfora audiovisual y queda como una media alegoría de una idea que pudiera ser mejor explorada, pero como es lo que vende actualmente hay que hacer el cine así. Al menos esa impresión es la que da esta nueva ola de horror que era de "autor" y está pasando al lado más comercial.
Y algo así es lo que pasa con The Menu, pareciera ser una cinta de "horror elevado", como el restaurante dirigido por Julian Slowik (Ralph Phienes), sin embargo, mientras vas descubriendo la cinta te das cuenta que es una comedia y que realmente todo es tan simple como una hamburguesa.
Si lo piensas bien, es una jugada maestra hacerlo de esta manera, ya que a final de cuentas, fueron los espectadores los que lograron hacer este ruido alrededor de la cinta, muchos probablemente impactados por las escenas más brutales relacionándolo inmediatamente con el cine de horror, cuando se estaban riendo de nosotros, la audiencia, pero en especial de los críticos mamadores como yo, sirviéndonos una comedia negra muy disfrutable, que pareciera mucho más compleja de lo que en realidad es.
Las actuaciones cumplen, realmente son muchos arquetipos que hemos visto cientos de veces, pero Anya Taylor Joy y Nicholas Hoult cumplen bien, sin embargo, y supongo es por obvias razones, Ralph Phienes se roba la película.
Altamente recomendada, divertida, atrevida, como el tipo de película que solía venir del cine independiente noventero, pero con mucho mejor presupuesto y actuaciones.
Podría hablar de la crítica sobre las clases sociales, lo terrible de la cultura del trabajo en cocina y de la gente que presta servicios, o a lo efímero y banal de la cocina gourmet, pero ya lo hizo todo mundo y siento que en realidad tiene muchas otras lecturas interesantes que vale la pena abordar. La pueden ver en Star+.



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